Dos amigos que viven en una zona montañosa de Estados Unidos deciden pasar las vacaciones en una cabaña de Virginia. Allí conocen a un grupo de adolescentes que los consideran unos idiotas y no quieren saber nada de ellos. Un día, mientras están pescando, al intentar hablar con una chica del grupo, ocurre un accidente. Entonces, los dos amigos serán acusados de asesinos por los imaginativos adolescentes, que comenzarán a perseguirlos para salvar a su amiga.
TÍTULO ORIGINAL: Natural Born Killers AÑO: 1994 DURACIÓN: 120 min. PAÍS: Estados Unidos
DIRECTOR: Oliver Stone GUIÓN: David Veloz, Richard Rutowski, Oliver Stone (Historia: Quentin Tarantino) MÚSICA: Varios FOTOGRAFÍA: Robert Richardson REPARTO: Woody Harrelson, Juliette Lewis, Tommy Lee Jones, Robert Downey Jr., Ashley Judd, Tom Sizemore, Yared Harris, Russell Means, Rodney Dangerfield, Evan Handler
PRODUCTORA: Warner Bros / Regency Enterprises / Alcor Films
GÉNERO: Thriller. Acción. Romance. Crimen. Road Movie CRÍTICA: 1994: Venecia: Gran Premio Especial del Jurado
SINOPSIS:
Micky y Mallory son una pareja de jovenes amantes en la que ambos sienten que han nacido para matar; son dos despiadados criminales que tienen atemorizada a la población. Un presentador de un programa sensacionalista de televisión se aprovecha de la fascinación que su personalidad ejerce sobre el público, y convierte a los asesinos en héroes televisivos.
Stone "destroza" una (aparentemente interesante) historia de Tarantino sobre unos serial killers, con vocación de estrellas, que son estimulados en su sanguinoliento periplo por la televisión en directo y el prime time. Con la excusa de denuciar la violencia imperante en nuestra sociedad y la bajeza de los medios de comunicación ante cualquier noticia con morbo, el director crea una pseudopelícula que vomita sin cesar imágenes violentas y efectistas. Su gran mérito no es que apenas tenga hilo argumental -una pareja de criminales que deja un reguero de cadáveres mientras les filman-, ni que la cascada de planos y experimentos de montaje, ópticos y de cámara provoque mareos... lo increíble es que se fuera del prestigioso Festival Internacional de Venecia con el Gran Premio del Jurado debajo del brazo. Al mismísimo Tarantino -que repudia su autoría- le pareció deplorable.